Vida...
Me levanto.
Me muevo en esta luz pálida;
La veo cambiar sobre mis manos;
No puedo decir hasta que punto me disgusta.
Bostezo.
Enciendo la lámpara sobre la mesa;
Quizá su claridad pueda,
Combatir la del día.
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Pero no, la lámpara forma alrededor
De su pie un chasco lastimoso.
Apago; me levanto.
En la pared hay un agujero blanco, el ESPEJO.
Es una trampa. Se que voy a dejarme atrapar.
Ya está. La cosa gris acaba de aparecer en el espejo.
Me acerco y la miro; ya no puedo irme.
Mi mirada desciende lenta, hastiada,
Por la frente, las mejillas;
No encuentra nada firme, se hunde.
Evidentemente, hay una nariz, ojos, boca,
Pero todo eso no tiene sentido,
Ni siquiera expresión humana.
Algunos opinaban que tenía expresión vivaz;
De pequeño me decían:
"si te miras largo rato en el espejo, verás un mono".
Debí de mirarme más todavía:
Lo que veo está muy por debajo del mono.
Vive, no digo que no;
Pero no es la vida en la que pensaban los demás;
Veo ligeros estremecimientos,
Veo una carne insulsa que se expande
Y palpita con abandono.
Sobre todo los ojos,
De tan cerca, son horribles.
Algo vidrioso, blando, ciego
Bordeado de rojo,
Como escamas de pescado.
Muerte...
MEMORIAS: JEAN PAUL SARTRE